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¿A quién recurrir cuando hemos sido desplazados en el trabajo? ¿Cómo enfrentar problemas de salud y de relaciones? El Heraldo de la Christian Science sale mensualmente para traerle ideas que pueden darle soluciones permanentes a los problemas de hoy. Estas ideas han sido probadas con éxito por gente que viene estudiando la Christian Science desde su descubrimiento en 1866, y ahora el Heraldo le muestra que usted también puede ponerlas en práctica.


ELLA NECESITABA trabajar. Estaba viviendo con sus hijos en casa de unos parientes. Había venido de México a los Estados Unidos con la determinación de brindarle una mejor vida a su familia. Estaba embarazada. No hablaba inglés. No tenía documentación. Y no obstante, a pesar de la difícil situación que atravesaba, me aseguró que vivía mejor que en su país.

Una noche me ofrecí a llevarla a su casa con el coche. Estábamos conversando, cuando de pronto sintió náuseas. Me detuve al costado de la carretera y allí me contó que estaba teniendo un embarazo difícil. Hablamos un poco sobre Dios. Le dije que Dios era Amor y que la quería mucho. Cuando llegamos a su casa, le pregunté si podía orar por ella, y estuvo de acuerdo.

En el camino de regreso, me pregunté cómo podría orar. Tantas eran las cosas que parecían necesitar curación en la vida de esta señora. Entonces le pregunté a Dios, el amoroso Padre-Madre de todos, qué necesitaba comprender en mi oración. De inmediato, me di cuenta de que sólo había un concepto que necesitaba comprender espiritualmente sobre ella: que estaba en casa, en Dios. Ella no estaba separada de su hogar y de su familia. No estaba separada del país que amaba ni estaba privada del afecto y amor del ambiente familiar. Como hija amada de Dios, ya vivía en Dios.

En cierto sentido todos vivimos en Dios. Uno de los nombres de Dios en la Biblia es Vida. Dios no nos da vida simplemente. Dios es Vida, la fuente del ser. De manera que nuestra vida no está apartada de Dios, la Vida, sino que está rodeada por los brazos de la Vida divina. Vivimos protegidos en Sus brazos, seguros en Su cuidado omnipotente. Como dice la Biblia: "...los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Serán completamente saciados de la grosura de tu casa. Y tú los abrevarás del torrente de tus delicias. Porque contigo está el manantial de la vida".1 El reino de Dios est‡ a nuestro alcance all’ mis

Jesús enseñó que cada uno de nosotros es el hijo amado de Dios y vive por siempre en el reino de Dios. Él comenzó su ministerio predicando: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio".2

¡Qué revelación más notable! El reino de Dios, o reino de la Vida y la armonía divina, no está en el futuro ni en ningún otro lugar. Está a nuestro alcance, presente y en operación ahí mismo donde estamos. Nuestra vida sobre la tierra no es una versión del infierno, donde esperamos tener una vida mejor después de la experiencia llamada muerte. El reino de Dios, o la vida de armonía, paz y felicidad, está presente aquí y ahora. Jesús explica, señalando esta realidad espiritual a una mentalidad humana escéptica: "El reino de Dios dentro de vosotros está".3

Es maravillosa la idea de que vivimos en el reino de Dios. Que disfrutamos vivir en ese reino. Cuando definimos una estructura física, pueblo o país como nuestro hogar, es probable que en algún momento sintamos que hemos dejado el hogar y estamos separados del amor y la seguridad que el hogar representa. Pero cuando reconocemos que el reino de Dios es nuestro hogar, nuestro pensamiento se expande más allá de estructura y lugar a la atmósfera mental de la Vida y el Amor divinos que siempre están con nosotros. Desde esta perspectiva espiritual, el hogar nos acompaña a nosotros en lugar de ser nosotros los que entramos o salimos de nuestro hogar.

Cuando cambiamos de lugares físicos de una casa a la otra o de un país a otro, seguimos rodeados por la Vida y el Amor divinos. De modo que en realidad nunca nos mudamos o cambiamos de lugar, porque no podemos salir fuera de Dios, la Vida infinita. Tampoco jamás podemos estar realmente solos porque estamos por siempre unidos al Amor divino y a todas las ideas de Dios, el Amor.

Cuando oré por mi amiga, comprendí que estaba ahí mismo en su hogar, en Dios, la Vida, lugar que nunca había dejado. Que estaba en el centro del reino de Dios, no abandonada en un lugar remoto. Oré para percibir que ella sentía la presencia del Amor divino y que comprendería que estaba rodeada de las ideas del Amor. Oré para saber que ella se sentía en casa en ese mismo momento, amada, a salvo y segura; que esto no tenía nada que ver con un lugar físico, sino con el mental y el espiritual. Cuando la vi de nuevo, me dijo que había sanado instantáneamente y que no había vuelto a estar enferma. Me confió que había extrañado mucho su casa y a su mamá durante el embarazo. Pero ahora se sentía más en paz y no extrañaba su casa. Durante el resto del tiempo que tuve contacto con ella, no se volvió a descomponer durante el embarazo. Las cualidades de nuestro hogar espiritual est‡n

El hogar es una idea preciosa. Es más que un grupo de personas o recuerdos de experiencias. Es un sentimiento de amor y seguridad. A medida que elevamos ese sentimiento del hogar a Dios, nuestro hogar se vuelve más permanente. Dios es la Roca, el hogar inamovible. Aunque huracán, inundación o guerra derriben una casa física, la estructura del hogar, las cualidades o esencia del hogar, permanecen inalteradas. La gracia, el orden, la alegría, la paz, la aprobación y el amor nos acompañan dondequiera que estemos. Ya sea que vivamos en un albergue con cientos de extraños o aislados en un lugar remoto, las cualidades del hogar nos acompañan.

La Sra. Eddy, quien descubrió la Christian Science, se mudó con frecuencia siendo adulta. A veces estas mudanzas la llevaban lejos de su hogar, como cuando se casó y se fue a Carolina del Sur, a cientos de kilómetros de su familia. Cuando su esposo falleció inesperadamente, ella sintió el amoroso cuidado de gente desconocida, quienes la acompañaron en su largo camino de regreso a la casa de su familia. Años después, cuando la abandonó su segundo marido, vivió en pensiones, teniendo que mudarse a menudo para encontrar una atmósfera familiar. De modo que cuando ella escribe con tanta convicción sobre el hogar, esto surge de lo profundo de su experiencia y oración. "Peregrino en la tierra, tu hogar es el cielo, extranjero, eres el huésped de Dios", ella dice en Ciencia y Salud.4

Estamos siempre en el hogar en Dios. Fortalecidos por esta verdad espiritual, nuestro hogar humano puede ser flexible, y nuestro ir y venir, más armonioso. Al elevarnos a esta perspectiva espiritual del hogar, nuestra familia será bendecida y hallaremos que el reino de Dios está con nosotros.

1 Salmo 36:7­9. 2 Marcos 1:15. 3 Lucas 17:20, 21, versión Moderna. 4 Ciencia y Salud, pág. 254.





Relatos de curaciones

Con su oraci—n fue protegida

ERA DE NOCHE, tarde, y acababa de salir de la facultad. Caminé unas cuadras hasta la parada y esperé, como siempre, a que viniera mi ómnibus. Ya era casi la medianoche y la parada se encontraba algo oscura. De pronto vi que un hombre, que no me inspiró mucha confianza, se acercaba por detrás, y comencé a ponerme un poco tensa.

Inmediatamente empecé a orar el "Padre Nuestro". Razoné que el Padre era nuestro, de todos por igual; no era más mío que del hombre que se acercaba, y viceversa. Eso significaba que había un único Padre-Amor, que nos amaba a los dos por igual, y un único Amor al que ambos podíamos reflejar y expresar.

De pronto el hombre dio un giro, se desvió y se alejó de mí. Yo me quedé muy contenta al ver el resultado inmediato de una simple oración; muy contenta y muy embelezada con la pequeña victoria.

Pero descuidé mi pensamiento y lo dejé descansar en la pequeña victoria. Sucedió que ni bien me descuidé el hombre decidió volver atrás en sus pasos, y esta vez se veía que estaba muy decidido a venir hacia mí con cara de pocos amigos.

A esas alturas pensé: "Otra vez me voy a tener que poner a orar. Estoy muy cansada, es tarde y me quiero ir a mi casa". Así que en ese instante pensé en una rápida manera de salir del paso. Paré un taxi que justo pasaba, y me subí. "Buenísimo", pensé, "voy a tener que pagar un poco más pero voy a llegar a casa sana y salva".

El camino para ir a mi casa era sencillo y directo. El taxista tenía que ir por una avenida y seguir derecho hasta el mar (mi ciudad esta bordeada por costa). No habían pasado ni cinco minutos que el taxista se desvía de la avenida principal e iluminada, y decide adentrarse en unas callecitas oscuras y silenciosas. Luego comienza a aminorar la marcha y a subir el volúmen de la radio, que estaba pasando música romántica.

Y yo que no lo podía creer. Ya para esa altura lo mío era pánico. Mi intuición me decía que ésta no era una situación en donde el taxista quería conquistar a la pasajera, sino que me encontraba en peligro. Enseguida me puse a orar con todas mis fuerzas, esta vez con la convicción de que iba a llegar sana y salva a mi casa gracias al poder y amor de Dios.

Me puse muy firme con la idea de que hay una sola Mente que comunica al hombre lo que debe hacer. Un solo comunicador, un solo Padre aconsejando y hablándole a sus hijos --una comunicación que es siempre amorosa y armoniosa.

Recordé algunas citas de Ciencia y Salud. Entre ellas la que dice: "En la Ciencia Cristiana el hombre no puede hacer daño, puesto que los pensamientos científicos son pensamientos verdaderos que pasan de Dios al hombre" (pág. 103).

Estas ideas me fortalecieron. Pude ver cuán real es que Dios no hace una creación mediocre, librada al azar de las circunstancias. Dios crea y gobierna Su creación con dominio y poder, y no hay nada que se oponga e infiltre malos pensamientos, desarmonía, violencia, desgracia o falta de felicidad.

Me negué rotundamente a creer que mis pensamientos, los de este hombre, o los de cualquier persona, pudieran estar a merced de algo que no fuera el bien. Y reclamé mi derecho de ser testigo sólo de la grandeza y omnipotencia del bien, sin importar lo que los sentidos físicos me dijeran. Esa convicción hizo que mi pensamiento no se desviara ni a la izquierda, ni a la derecha. Y por supuesto el resultado fue que el taxista comenzó a acelerar la marcha hasta llegar a una velocidad adecuada, bajó la música, y me llevó a casa sana y salva.

En un principio, no puedo decir que no tuve miedo, o más bien terror, pero vi que me encontraba en una situación que si no cambiaba inmediatamente mi manera de pensar acerca de esta persona, no iba a estar a salvo.

Cuando llegué a casa me di cuenta de que no tenía plata para pagarle, así que le pedí que me esperara mientras iba a mi apartamento a buscar plata. Cuando regresé a pagarle, la atmósfera mental había cambiado, y yo ya no sentía que estaba en peligro. Él fue muy paciente y amable.

Finalmente, en mi casa continué orando y abrí la Biblia donde dice: "Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas" (Zacarías 8:5). Este era el mensaje final que necesitaba, donde la posibilidad de vivir seguros en paz se confirma como una realidad.

Cristina Cabrera
Montevideo, Uruguay

Lo asentado respecto a curaciones en estos testi


ÀSu identidad M‡s all‡ de toda raza
Julio C. Rivas
¿LA CLASIFICACION de latino, anglo, africano, eslavo o asiático describen en realidad lo que usted es? Esa clasificación dista mucho de captar la esencia de su inteligencia y carácter. Lejos de ser descriptiva, sólo es como una camisa de fuerza mental y emocional.

La Christian Science, por otro lado, revela que cada uno de nosotros es completamente espiritual, la imagen y semejanza del Espíritu infinito, bendecido con ilimitadas habilidades espirituales. Cuando nos vemos a nosotros mismos de esta manera liberamos el pensamiento de las restricciones que imponen los rótulos raciales y culturales.

En la Biblia, un escritor del Nuevo Testamento nos alienta a descubrir nuestra verdadera identidad espiritual. Nos pide: "[Despojáos] del viejo hombre con sus hechos" y "[revestíos] del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos".1

En realidad, el Cristo, la idea espiritual de Dios, es lo que constituye la identidad que Dios nos otorga. Más que ser el título de Jesús, el Cristo era el ánimo espiritual de Jesús, el espíritu de amor sanador que lo animaba. Y es justamente este ánimo espiritual del que somos herederos como hijos de Dios. Ni raza, ni cultura, ni genética, ni sociología, ni psicología, ni fisiología algunos, puede hacer justicia a este Cristo. De manera que éstos no pueden explicar quiénes somos realmente. GroupImage

La unidad que trasciende las diferencias culturales y raciales, está basada en el hecho de que cada uno de nosotros es el hijo de Dios. La comprensión de esto reemplaza las actitudes de superioridad, inferioridad, exclusividad, separación y alienación racial, con la hermandad espiritual. La gente de todo el mundo necesita sentir esta hermandad en sus corazones. Esto no se puede lograr simplemente con agendas políticas, sino permitiendo que el pensamiento individual ceda a Dios, quien es Amor. Y la expresión de este Amor constituye el verdadero ser de todos.

Aunque la equidad y la igualdad pueden a menudo parecer estar ausentes del ambiente humano, podemos estar agradecidos porque nuestros derechos divinos están apoyados por el Principio que es Dios. Estos derechos divinos nunca están ausentes de nuestra vida. La supremacía y la totalidad del gobierno divino hacen que se cumplan. La comprensión de esto nos ayuda a triunfar sobre toda forma de injusticia.

Durante mi último año de licenciatura, me sentía frustrado y con miedo porque un profesor de renombre siempre me negaba la oportunidad de expresarme en las discusiones de clase. Era una materia donde el 80% de la calificación dependía de la participación en clase. Yo había hablado con él en privado varias veces sobre mi deseo de participar. Entonces me aseguraba que la próxima vez me llamaría, pero llegado el momento volvía a ignorarme. Ya habían pasado tres cuartos del semestre, sin que mejorara la situación. Para ese entonces sentía una gran irritación hacia él porque sospechaba que su actitud estaba motivada por cuestiones raciales. Además sentía que había perdido toda posibilidad de obtener una buena calificación debido a este trato injusto. Mientras oraba para liberarme de todo enojo, llegué a sentir una profunda confianza en Dios. A continuación de esto me sentí repentinamente inspirado al efectuar la tarea que el profesor nos había dado para el día siguiente. Las ideas me venían tan rápido que apenas las podía escribir. Sintiendo que Dios me guiaba, pedí permiso al profesor para que me dejara comenzar la clase con mi presentación de problemas y soluciones relacionados con el caso para ese día. Él aceptó, y me fue mejor de lo que esperaba.

El profesor casi no podía contener su entusiasmo. Les dijo a los estudiantes que el análisis que yo había presentado fue el mismo que él había presentado hacía 10 años cuando era consultor para la industria privada. Este incidente mejoró totalmente nuestra relación. No sólo recibí una excelente calificación en la clase, sino que un año después de graduarme este profesor con mucha amabilidad me escribió una recomendación.

Ya sea que el prejuicio del profesor en contra mío haya sido motivado o no por mi raza, deja de ser importante cuando se ve el poder sanador de la Verdad. Lo que hizo que se manifestara la justicia del Amor en esa situación fue que acepté que su identidad espiritual y la mía, son reflejos de la única Mente infinita. Como expresiones de esta Mente, ambos expresamos la misma inteligencia, amor y bondad divinos. Y esto se manifestó claramente en lo ocurrido. Jesús juzgaba a todos teniendo presente la herencia espiritual de cada uno. De igual manera la Christian Science hoy revela la sustancia e identidad espirituales de cada hombre, mujer y niño sobre la Tierra. Responde a la pregunta "¿Quiénes somos?", declarando que somos hijos totalmente espirituales del único Dios, que reflejamos Su inteligencia, belleza y diversidad infinitas.  

1 Colosenses 3:9­11.





Relatos de curaciones


Con su oraci—n fue protegida


CUANDO LLEGO la Christian Science a mi vida, pesaba sobre mí una sentencia médica preocupante: "irrigación sanguínea deficiente". Un último especialista de problemas vasculares que consulté, me dijo que no podía ni lavarme las manos con agua fría, y que tendría que medicarme con vaso-dilatadores por el resto de mi vida. Tenía unas crisis insoportables; consumir helados o bebidas frías me producía escalofríos, y como iba a radicarme en una ciudad a 2600 metros sobre el nivel del mar esto empeoraba las cosas.

Mi esposo, que ya había empezado a estudiar la Christian Science, cuando yo pasaba por una de aquellas crisis me mostraba este horizonte sanador, afirmando que toda enfermedad carece de Principio creador, que sólo es un sueño y que no tiene el apoyo del amor de Dios. Me hablaba del bien divino como el único poder capaz de despertarme de aquella pesadilla. Recuerdo que me remitía a leer en Ciencia y Salud: "Pero si la enfermedad y el pecado son ilusiones, el despertamiento de este sueño mortal o ilusión, nos llevará a la salud, la santidad y la inmortalidad. Ese despertar es la eterna venida del Cristo, el aparecimiento avanzado de la Verdad, que echa fuera al error y sana a los enfermos. Ésa es la salvación que viene de Dios, el Principio divino, el Amor, como fue demostrado por Jesús" (pág. 230).

La gran esperanza que me transmitieron sobre el poder sanador del Amor, me trajo salud y me permitió asistir a una cena en compañía de un conferenciante de la Christian Science que nos visitó aquellos días.

Allí el tema obligado fue la curación por medios espirituales, basada en la comprensión del origen espiritual del hombre. Yo absorbía como una esponja aquella disertación, y comenzó a revelarse en mí el hecho de que mi herencia no era material, sino que venía de Dios mismo, el Espíritu, y que esa herencia no incluye mal ni enfermedad alguna. Pude ver que mi verdadera identidad estaba constituida de ideas espirituales, todas buenas, en lugar de ser un cuerpo material. No pedí ayuda por medios espirituales en esa ocasión, ni se mencionó entonces mi problema, pero sé que allí comenzó mi despertar de aquel sueño falso.

A partir de allí me dediqué a comprender mejor este Principio sanador. En proporción a mi obediencia a sus leyes fui nutriéndome y fortaleciéndome espiritualmente para ir venciendo temores específicos, como el temor al clima frío, a prescindir de los medicamentos, y demás.

Pasaron varios años sin sentir molestias y luego, otra vez padecí una crisis, aunque menos fuerte. Cuando esto ocurrió, estudié en el Glosario de Ciencia y Salud la definición de Jafet, que dice: "Un símbolo de la paz espiritual que emana de la comprensión de que Dios es el Principio divino de toda existencia y que el hombre es Su idea, el hijo de Su solicitud" (pág. 589). Sentí esa paz y alegría de saberme la mimada de Su solicitud, de la atención y cuidado del gran Médico, la Mente divina. Ya no volví a sentir temor de recaer y pude desechar totalmente los medicamentos. Hace veinte años de esto, y ha sido una curación permanente. Desde entonces resido aquí en Bogotá, consumo helados y bebidas frías, y llevo una vida normal y sin problemas.

Estoy segura de que la comprensión correcta de Dios y de mi unidad con Él, como Su hija, soltó las cadenas impuestas por una creencia en la realidad de la enfermedad y me condujo a la libertad. Este despertar, esta venida del Cristo sanador, ocurre en toda época, ahora mismo, y está al alcance de toda la humanidad.

Graciela de García
Santa Fe de Bogotá, Colombia

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