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Dios nos protegió durante el huracán
Sergio Nogués

En 1992, el sur de la Florida en los Estados Unidos fue azotado por el huracán “Andrew”, cuyo efecto fue desastroso. No obstante, a través de la oración tuve la oportunidad de ser testigo de la protección de Dios en todo momento.

En aquel entonces, yo vivía con mi esposa y mi hija en una casa al sur de Miami, y el día anterior al huracán, reconociendo la presencia de Dios y escuchando Su dirección, hicimos los arreglos necesarios en la casa para su llegada.

Hacía unos días que yo había regresado de tomar una clase sobre la Biblia y el libro Ciencia y Salud, de modo que guardé todas mis notas en un closet. Por la noche, cuando estaba cenando con mi familia se me ocurrió proteger esas notas, de modo que fui al closet y las envolví en una bolsa de plástico.

De madrugada empezaron a haber fuertes ráfagas de viento hasta que de pronto sentimos un estruendo terrible pues la puerta de cristal del comedor se rompió. Lo más importante era mantener la calma y escuchar el mensaje de Dios. Fuimos guiados a ir a nuestro dormitorio y refugiarnos dentro del closet. Al pasar por el pasillo, donde estaba la puerta del ático, la madera que la cerraba cayó detrás de mí sin hacerme ningún daño ni tocarme. Para mí ésta fue otra señal de que Dios nos estaba protegiendo.

El closet de nuestro dormitorio era pequeño, por lo que sólo nuestra hija y nuestra perra estaban totalmente dentro del mismo. Mi esposa y yo teníamos la mitad del cuerpo afuera. Para entonces la situación se había tornado bastante difícil. Por la lámpara del techo que estaba en el centro del cuarto estaba cayendo un chorro de agua sobre nuestra cama. Las paredes temblaban y teníamos un espejo grande en la pared que parecía estar a punto de romperse y caer sobre nosotros. Tomé un “saco de dormir” que había en el closet, lo partí a la mitad y cubrimos nuestros cuerpos.

Estuvimos aproximadamente tres horas dentro del closet orando continuamente, declarando en voz alta que el control de Dios era total y absoluto, que Él tenía todo el poder y estaba presente en todo momento, hasta que finalmente llegó la calma. Salí del cuarto y revisé la casa, regresé al closet y les dije: “Todo está destruido excepto este cuarto”. La escena que vimos fue muy dura; nuestra casa estaba totalmente destruida. Sin embargo, a pesar del cuadro que estaba ante nuestros ojos había algo más importante, algo que sobrepasaba toda la escena humana y era la protección y presencia de Dios. Nosotros estábamos intactos, nada nos había ocurrido. Era una situación similar al pasaje bíblico que narra cuando la nave en la que viajaba el Apóstol Pablo es azotada por un viento huracanado que la hace zozobrar, pero gracias a la ayuda de Dios todos, incluso los esclavos, logran llegar a salvo a tierra.1

Toda la ropa que estaba en el closet donde yo había guardado mis notas de la clase estaba completamente mojada, sin embargo mis notas estaban intactas. Esto fue para mí una señal de que cuando obedecemos las instrucciones que Dios nos da somos protegidos dondequiera que nos encontremos.

Varias semanas antes del huracán nos habían regalado un órgano eléctrico el cual había quedado intacto, ni siquiera una gota de agua tenía. Varios días después nos enteramos de que el edificio de una iglesia situada al sur de donde vivíamos, había quedado totalmente destruido, entonces les donamos el órgano. Ésta fue otra señal de la protección de Dios.

Nosotros estábamos alquilando con opción a compra la casa en la que vivíamos, pero debido a nuestra situación económica nos había resultado imposible comprarla. Poco después del huracán, recibimos muchas donaciones de ropa, alimentos y dinero de tantos miembros de diferentes iglesias, que tuvimos la bendición de poder comprar nuestra propia casa y amueblarla, gracias al amor que nos dieron todas esas personas. Esta experiencia nos demostró que “La hora más oscura precede al amanecer”.2

Siempre tengo presente que la protección de Dios no está disponible solamente para un grupo limitado de personas. Todos podemos contar con Su ayuda en cada momento.

Esta experiencia me enseñó que por muy difícil que pueda ser la situación que estemos atravesando, debemos confiar totalmente en Dios, obedecer Sus instrucciones y no dudar de Su ayuda. La protección de Dios está a nuestro alcance en todo momento.

1 Hechos 27:13–44. 2 Ciencia y Salud, pág. 96:12.

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